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El Karate como Arte Marcial permite al que lo practica no sólo un correcto desarrollo físico, sino también, y sin tener en
cuenta la edad o el sexo del practicante, un mejor conocimiento de sí mismo, profundizando en el interior, activando
valores que hoy día están algo modificados en sus orígenes.
El compañerismo, la solidaridad y sobre todo sentir el sacrifico y el esfuerzo en nuestros
entrenamientos diarios nos acercarán un poco más a conocernos interiormente.
Como ya he dicho anteriormente, este bello Arte Marcial puede ser practicado a cualquier
edad y por personas de ambos sexos. Siendo la finalidad más importante conseguir un perfecto equilibrio entre el cuerpo y la
mente.
Todos somos iguales en un tatami, el afán de superación y la autoestima empieza por entender y aceptar nuestros propios errores y comenzar a superarlos en el día a día y sin reparar
en esfuerzo.
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«Si un hombre es estudioso en su juventud, su futuro será brillante como el Sol matinal, y
si se aficiona al estudio en su edad media será como el Sol de
mediodía, mientras que si comienza su estudio de viejo,
éste será como la llama de una vela; aunque la vela no
es muy brillante, por lo menos es mejor que andar a tientas en la oscuridad. Del Jardín de las Anécdotas.»
El Karate, dependiendo de la edad del practicante sobre todo, puede ser entendido como deporte, como defensa personal, como educación física,
incluso como educador psíquico, pero sobre todo y en su total desarrollo
se convierte en «DO» o camino de vida.
Muchos son los beneficios que médicos y psicólogos han atribuido a la práctica de las Artes Marciales, pero a veces una
información errónea hace pensar a las personas que no conocen directamente la profundidad
del Karate que es un deporte violento, en el que lo más importante es humillar al adversario
venciéndolo;
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